jueves, 27 de abril de 2017

6:30 a.m.

La ciudad bajo la luz blanca de las nubes sigue siendo la misma. Sirenas, congestión vehicular y frío. Lo esencial no ha cambiado desde la primera vez que recorrí estas calles. Cubierta con un abrigo diferente al de esa vez, me invade una nostalgia que no me permite caminar a gusto.

El blanco pasa a ser negro y bajo las nubes se reflejan las luces anaranjadas de la ciudad. Aún es de tarde para mí, aunque el reloj marca la medianoche. Mi rutina no me permite volver a casa. Alegres voces y música salen de los bares, cálidos locales. Pero debo seguir caminando. Intentando huir de la nostalgia y del frío que no sé de dónde provienen.

Voces y rostros de otras fechas vuelven a mí. Unos fueron guapos, otros talentosos. De cada uno me viene un gastado cariño. Algo dado y algo recibido. Mas, si están en mi pasado es por una razón. Los dejé ahí por algo, aunque con frecuencia su recuerdo me hace sonreír con cariño, pero al hacerlo, sufro… no hay un día en que los pueda olvidar.

http://www.santiagocapital.cl/fichas/home/plaza-baquedano/parques-y-plazas/
Pero la nostalgia se presenta por otra causa… Es en mi presente que algo falta.

Dejé atrás mi pasado. Cada persona quedó en el camino tal como en estas calles, tal como los faroles de luces anaranjadas, cada uno diferente al anterior, pero iluminando mi pasar. Dejo las esquinas y los minutos. La nostalgia pasa a ser congoja. Cada paso me aprieta el corazón. A menor distancia de mi destino más lejos siento mi objetivo. Diviso mi hogar a lo lejos. Todos los rostros vistos quedan en un rincón de mi corazón, donde siempre estarán presentes, pero no molestarán más que en la soledad. Se acelera mi pulso, siento cómo mi estómago se retuerce de emoción.

Por fin la llave gira, vuelvo a sentir calor. Por una fracción de segundo todo mi ser se congela. En el interior es de día, y ahí estás tú. En ese momento que te veo es cuando noto que todo el camino, los malos recuerdos, los faroles y el frío, todo lo que dejé atrás, cada cosa que se cruzó en mi camino para desviarme a dónde me encuentro ahora… todo valió la pena por estar a tu lado en este momento.

Aquello que me faltaba a lo largo de mi trayecto eras tú.

sábado, 4 de febrero de 2017

La madre que llora

Dicen que no existe nada más doloroso que ver a una madre llorar: sientes impotencia por no poder hacer nada por ayudarla y lloras con ella. Sabes que jamás te pedirá nada para aliviar su dolor y tienes dos opciones: o lo buscas por las tuyas o la ignoras y esperas a dejar de ver su llanto. Sea cual sea el camino que eliges, siempre te queda ese sabor amargo por haber visto sus lágrimas.

Ahora quiero que guardes silencio un momento ¿No oyes nada? Ha de ser porque ya te acostumbraste, porque para cuando tu naciste este llanto ya se oía en el aire, para ti es parte del mundo. De ser así, siéntate un momento sobre el piso, cierra tus ojos y extiende tu mano hacia él. Toca el duro suelo frío y siente… No. De seguro tampoco puedes sentir cómo convulsiona al no poder contener sus lágrimas.

Te explicaré de lo que hablo (por si aún no lo has comprendido).

Existe una madre aún más antigua que la madre de Cristo, más antigua que la Eva bíblica y mucho más aún que la Eva de la ciencia. Es una madre solitaria que solo fue concebida por el destino.
Antes de dar a luz por primera vez, se entregó a una danza alrededor de un Ser todavía más ancestral que ella. Para poder engendrar, debió bailar durante tanto tiempo que ni sumando la idea de todos los que escuchen esta historia, podrían acercarse a la realidad. Tras mucho girar en torno a este Ser, por fin su ritual dio frutos y, pese a estar condenada a no descansar para conservar la vida, concibió a su primer hijo… y tras él a otro y a otro. Así, sin dejar nunca de parir, ellos fueron a su vez generando descendencia logrando que su linaje se extendiera incontablemente, con nuevas variaciones, pero todas y cada una, obligada a danzar junto a la primera madre.

El tiempo pasó y uno de los hijos procreó descendencia. Se concientizaron de todo lo que ocurría. Quisieron ser independientes y se alejaron del resto de la familia. Acabaron olvidando sus orígenes, al punto de creerse superiores a todo lo que la primera madre había creado.

¿Aún no sabes de qué va esto?

Este linaje pródigo olvidó, decía antes, sus orígenes y, de igual manera, comenzó a sentirse superior por sobre todos aquellos que no pertenecían al mismo. Esclavizó a sus hermanos, hijos de la primera madre, e incluso, a algunos que eran de su propio linaje pero que poseían rasgos de sus antepasados. Repudió todo lo que marcara sus inicios. Creó leyes para reprimir sus instintos.

Sin embargo, aún se veían obligados a danzar.

Mas detente a pensar: si eso les hicieron a sus hermanos ¿Cómo tratarían a su madre? Sí, hablo de esa madre que después de tanto dar a luz, continuaba manteniendo su belleza aún más viva que al ser una virgen árida. Esa madre orgullosa de crear hijos fuertes que aportaban a su belleza y valor. Esa madre, envejeció tras todos los problemas que sus hijos rebeldes le proporcionaron. Nadie escuchó en qué momento comenzó a llorar.

Se pregunta qué sucedió ¿En qué momento pasó de ser una diosa adorada a ser destrozada y apaleada por sus propios reverentes? ¿Cuál fue su error?

Hay un viejo dicho que dice “cría cuervos y te sacarán los ojos”. Estos hijos sacaron hasta el último pelo de su abundante y hermosa cabellera. Eliminaron cual Caín, a sus propios hermanos, y no se detuvieron hasta notar que ya tenían agónica a la pobre madre.

“Debemos cuidarla y respetarla” decían unos pocos cuando notaron que ya era demasiado tarde, pero eran acallados, tratados de locos e ilusos. Otros, al ver que la danza que los mantenía vivo podía terminar, crearon medios para danzar a su propio ritmo y desligarse del Ser adorado por la madre, pero aún era muy pronto para hacerlo.

Mientras los menos buscaban soluciones, la mayoría continuaban con la tortura: derramaban sobre ella la negra sangre de quienes murieron mucho antes de ellos nacer, arrancaban o quemaban sus pulmones, deshicieron con sus vapores tóxicos el delgado vestido ritual que la protegía de ser dañada por el Ser al que ella le bailaba, con sus juguetes de muerte lograron dejarla estéril poco a poco. Un día ya no pudo concebir nada más.

Su demacrado cuerpo liberó un perfume que hizo dormir a todos sus hijos con sus respectivas estirpes, incluyendo a los rebeldes. Pero estos últimos se negaron a dormir. Habiendo rechazado este último acto de compasión, se vieron obligados a observar todo lo venidero, ya que nada más podían hacer.

Ya cansada, la madre lentamente dejó de bailar. Su cuerpo comenzó a enfriarse. Un silencio se escuchó en todos lados, recién en ese momento habían notado el lamento que los arrullaba desde hacía ya varias generaciones. El llanto había cesado. Ya no había más dolor. Así, cerró sus ojos y poco a poco todo en su interior se volvió sombras.

Finalmente, su vida terminó.

Imagen extraída de
http://www.pachayachachiq.org/metafisica/el-regreso-del-culto-a-la-madre-tierra/
Les recomiendo leer también el artículo si gustan.
Aún me pregunto qué sentirían los hijos al verse solos. No podían bailar por cuenta propia y no mucho tiempo después murieron de frío ellos también ¿Sería el tiempo suficiente para arrepentirse? Sé que perdón jamás le pidieron a la madre, mucho menos a sus hermanos, pero me gustaría saber si al menos al final dejarían de lado su orgullo. ¿Se darían cuenta alguna vez que no eran mejores que los demás? Sinceramente pienso que no fue así. Porque el humano estaba tan cegado que ni siquiera notó que había encadenado a su madre, porque hasta el final siguió con la idea de que le pertenecía sin notar que había sido él la creación que había asesinado a su propia diosa y, porque todas las deidades creadas por ellos mismos, fueron más veneradas que quien les había otorgado la vida.

Espero que hora sepas quién es tu verdadera madre y a quién le debes respeto, a quién no debes seguir haciendo llorar pues algún día se cansará de ti y todo lo que te conté se repetirá…


¿Todavía sigues creyéndote dueño de ti mismo?

miércoles, 18 de enero de 2017

Noche vacía:

El reloj no deja de avanzar. En la habitación solo queda su repiqueteo como prueba del tiempo incontenible, latido ahogado por los ruidos naturales de una casa moderna. Los electrodomésticos no dejan de funcionar, son la única compañía que llena el vacío y ahoga el silencio. La madrugada ha vaciado las calles e incluso el coro de perros ha concluido su función.
En un lugar sin importancia de esta noche encantada, rodeada de un silencio inexistente en la ciudad a esas horas habitada por la presencia inapreciable de quienes sin moverse viajan al sueño, me encuentro yo.

Con tanta comodidad como si reposara por primera vez en un lecho ajeno y con la molestia desesperante de mis propias sábanas rozando mis pies desnudos, estoy intentando conciliar el sueño. Nunca antes mi almohada me había maltratado tanto como para no permitirme descansar sobre ella. Nunca antes las mantas osaron aplastarme hasta hacerme sentir ahogada. Nunca había notado lo infinitamente enorme que era mi cama. Y como si fuera poco, nunca antes había estado tan consciente de mi misma. Puedo sentir cuantos latidos da mi corazón, cuantas respiraciones doy por segundo, cómo se mueven mis entrañas ya vacías a esta hora…

Pero, aun así, la incomodidad física no es nada comparado a los tormentos de mi propia consciencia semidormida. La acentuación de mi mal estar se lo debo a ella, y por mucho que lo intente, el vacío que siento en mi corazón (generalmente ignorable) está más presente que nunca. Está ahí, tan nítido como el vacío de mi estómago pronto a desayunar. Me falta algo y no se me permite olvidarlo.
Tal como la evocación de Eleonora por el incienso celestial[1], el removerme en las sábanas deja escapar los restos de su perfume, llevándome directamente a sus brazos. Ya no son las sábanas quienes me arropan, si no su calor. Ya no soy sostenida por la almohada, si no que por su pecho. Ya no siento el tic-tac del reloj, si no su corazón. Inspiro profundo antes que su olor se pierda junto al recuerdo. Una parte de mí sabe que es una fantasía, pero mi cansado corazón quiere ser envuelto por ella.

¡Lo extrañaba tanto! En la oscuridad de la habitación puedo ver su sonrisa y sus profundos ojos de enamorado observándome. Siento el rubor en mis mejillas y esa sensación en el estómago que nunca dejó de darme al verlo sin importar el tiempo que llevemos juntos.

Pero no.

Aúlla un perro afuera de mi ventana. Despierto del ensueño antes de siquiera disfrutarlo. Mi consciencia ganó: me convenció de que era falso.

Me siento en la cama esperando encontrar algo. Siento un tirante de mi camisola deslizarse por mi hombro y dejarlo desnudo. Aun desorientada, me percato de mi soledad únicamente por mi falta de pudor, si hubiese alguien instintivamente lo hubiera puesto en su lugar, o al menos me habría alisado el cabello con las manos para no estar tan desaliñada. Escudriño la oscuridad, esperando encontrarlo, pero claro, no está ahí. Me abrazo reprimiendo un sollozo. El resto está en silencio (o al menos tanto como se puede en ese lugar y a esa hora.)

Me recuesto así, dejando que mis pensamientos vuelvan a invadirme.

¿Dónde está él?

No lo sé.

¿Volverá?

Quizá. Siempre está la posibilidad de que no lo haga… podría encontrar a otra o morir. Incluso podría morir yo antes de volver a verle.

Así es la vida.

Veo la hora. Suena la campanilla del reloj, hora de salir de la cama. La desconecto, no tengo responsabilidades hoy. Volteo para conciliar el sueño.

Esperaré la segunda alarma antes de levantarme. Tal vez para entonces ya esté dispuesta a despertar de verdad.




[1] “El cuervo”, Edgar Allan Poe. V. 79-84.

lunes, 9 de enero de 2017

Corazón Roto

Silencio. No hay interrupción en esa bóveda cerrada. ¿Es su idea o ya no hay más cosas en su cabeza? Intenta recordar…

Nada.

¿Hacía cuanto tiempo que ya la había perdido? Esa mañana, sabe Dios cuánto tiempo atrás, en el terminal de buses, sus cabellos empapados por la llovizna, un beso fugaz e igualmente, una fugaz mirada habían sido su despedida. No hubo tiempo para la emotividad, pero sabía que ese autobús se llevaba gran parte de él. La parte restante se dividía entre la que quería gritarle lo que sentía por ella y la que deseaba llorar a mares por su pérdida. Pero ahí, en ese momento, en esa bóveda cerrada ya no sentía nada.

Su corazón ya vacío, limpio por las lágrimas que derramó esa noche por ella, solo late por cumplir su función. A veces cree sentir su aroma entre sus cabellos, como si durante toda la noche su cabeza hubiese reposado junto a la de él. Solo entonces vuelve a latir con fervor, late por amor, no por bombear sangre. Pero no pasa mucho tiempo antes de sentir el dolor por su latir roto. Lo lastima como si el engranaje que faltara dañara todo el sistema por una pieza que insiste en continuar moviéndose en mala posición, como si cada movimiento de su corazón destruyese esa máquina ahora disfuncional desgastando el material quién sabe hasta qué momento… el aroma se va y solo queda el silencio de esa bóveda cerrada donde se encuentra.

Desde que la vio partir esa mañana de llovizna que esa pieza faltante le dificulta el seguir viviendo. Su corazón ya no late como debe. Sí, justo ahí, en el altar está quien le arrebató esa parte que ahora no lo deja seguir en paz, de pie, junto a su amada.

El silencio ahora le molesta. Arruga la frente y le mira con odio. “Por ti ya no la tengo a mi lado.”

Porque esa mañana gris por la llovizna, en el terminal de buses, tras esa rápida despedida en la que ni siquiera pudo repetirle lo que sentía por ella, todo terminaría. Nunca más vería su mirada enamorada ni su sonrisa al verlo a él… Enjuga con ira las lágrimas de impotencia que salen de sus ojos mientras lo ve con ella…

Ya no habría marcha atrás, una vez salieran juntos, deberían pasar al olvido para poder vivir… ¿Cómo olvidar lo que aún vive en él por ella?

Resultado de imagen para puertas del paraisoLos llantos quiebran el silencio. La bóveda se abre.

Su llanto se perdió en el bullicio del terminal. Pero el bullicio se perdería por un fatídico estruendo.

Ahora su corazón está roto, pero el de ella se había destrozado para no latir más.
Entre cánticos, su amada sale de la iglesia con la compañía de su Dios. Nunca más la vería, ni sentiría su olor, ni oiría su voz, no podría volver a saborear sus besos ni a tomar su mano con la ternura que merecía.

Los cánticos se alejan y su corazón vuelve a latir agónico. Ese día el bus se llevó una parte de él y ahora, solo en la bóveda de la iglesia, lo único que llena ese espacio, es el silencio de quien jamás volverá.


miércoles, 24 de febrero de 2016

La Belleza de una Conversación:

La hora de la cena era la única en que toda la familia se reunía. Todos se levantaban a diferentes horas debido a sus diferentes ocupaciones por lo que el desayuno lo hacía cada uno y ni hablar del almuerzo, donde algunos comían antes, otros después y otros en otro lado. Pero era en la cena donde el padre de María argumentaba que debía hacerse la unión familiar por medio de la comunicación. Contradictoriamente era el primero en encender la televisión, el hermano de María siempre llegaba con el teléfono a la mesa y si llegaba a sonar, no se quedaba tranquilo hasta que revisaba y respondía el mensaje de Facebook o WhatsApp que le había llegado, la madre siempre estaba distraída en los problemas de la casa y nunca respondía a lo que se le hablara… pero ustedes me entienden, estoy describiendo la comunicación familiar moderna, esa donde uno pregunta “¿Qué hay de comer?” Y responden “Mañana va a hacer frío”.

En esta cena, María, aburrida de preguntar cosas tontas con el único propósito de hacer tema de conversación y no obtener respuesta o simplemente conseguir alguna burlona mirada de su hermano queriendo decir “Si que eres tonta” o “¿Cómo no vas a saber?”, se decidió por callar, comió su plato en silencio y a todo lo que en algún momento le preguntaban respondía con monosílabos o algún gesto. Encerrada en sus propios pensamientos apartando el contenido de su plato para poder sacar la sopa con la cuchara, se preguntaba cómo lo hacían las familias antiguas para no explotar, en esa época no había leyes que los protegiera de un padre abusivo y solo callaban ante las incoherencia de este para evitar hacerlo enfadar… “Esto ha pasado por generaciones desde las antiguas civilizaciones… convertirse en mudo teniendo mucho que decir ¡Vaya tortura!” pensaba mientas veía como una papa se devolvía al lugar donde solo había sopa.

“No hay mejor momento que en el que se puede tener una conversación inteligente con otra persona, donde se puede debatir a favor o en contra de algo utilizando todos tus conocimientos, con alguien ante quien puedes aceptar tu error porque sabes que esa persona también lo hará cuando cometa los suyos y ninguno se burlará del otro ante la equivocación, donde ese error sea fuente de conocimiento y no de vergüenza, porque solo del error se aprenden cosas nuevas… no hay mejor momento que en el que te das cuenta de que no hay mejor maravilla creada por el hombre que las buenas conversaciones.”

Sin darse cuenta María se sintió libre ante este pensamiento y en su rostro irradió una sonrisa.

-¿Qué te pasa? _ Preguntó la madre al percatarse pensando que era sonrisa de enamorada

-Voy a salir después de la cena _Respondió María, eso era un aviso, no un permiso

-¿A dónde irás tan tarde? _ Volvió a preguntar la madre

-A buscar una buena conversación

El comentario de María hizo que todos fruncieran el ceño pero su sonrisa nunca más escaparía de su rostro. Había descubierto una de las felicidades más simples y eso ni todos los malos genios del mundo se lo podrían quitar.

martes, 16 de febrero de 2016

Dolor de Estómago

Almorzamos luego de llegar a casa. ¿Me pregunto qué sería lo que me produjo mal estar en el estómago? A pesar del sabroso almuerzo de mi madre, no tengo apetito, lo que es raro porque tiendo a comer mucho cada vez que vengo a verlos. Pero ahora, no puedo dejar de sentir un leve retumbar en mi estómago.

Recuerdo que me levanté temprano para llevar a mi viejo padre al doctor, no tomé desayuno ¿Será eso? No, no lo es, no tengo hambre. Cuando íbamos en el auto mi padre hablaba de las cosas que faltaba hacer en sus tierras, alegando de la falta de ayuda… ¿Será disgusto? Creo que tampoco, de hecho me siento feliz ¿O melancólico?... Llegamos al hospital y no estaba la enfermera que suele atendernos todos los meses. En su lugar había una joven como de mi edad, tal vez algunos años menor, de cabello castaño amarrado en un tomate y flequillo… desde ahí que me molesta el estómago ahora que lo pienso, seguramente era por el extraño olor del recinto.

-¿Por qué tienes la cara larga? _Pregunta mi padre
-No es nada, debo estar fatigado _Respondo a sabiendas de la burla que eso le seguirá
-¡Que delicado está el niño! _Molesta el viejo

Continúo comiendo en silencio.

Recuerdo la sonrisa de la enfermera, pareja y aún más blanca que el delantal que llevaba puesto, ella nos explicaba que era un reemplazo de la señora que normalmente atendía en el lugar mientras estuviera de vacaciones, luego se iría. “Es una lástima” se me adelantó en decir mi padre ¿Por qué yo diría eso? Ni siquiera la conocía.  “A veces da gusto ver una cara amigable y guapa por aquí, ¿Verdad, hijo?” Agregó mi progenitor golpeando mis costillas con su codo… No, tampoco me siento mal por eso, no me golpeó tan fuerte como para quitarme el apetito.

-¿Te sirves un tecito, hijo? _Pregunta mi madre al verme dejar vacío al fin mi plato
-Si no es mucha molestia _Me doy el ánimo de bromear

Mi viejita se va para hacer el té con sus arrastrados pacitos cortos.

Recuerdo que después del comentario de mi viejo sentí un calor en las mejillas al ver los claros ojos café de la enfermera posándose sobre mí, como esperando una respuesta. Yo tartamudeé algo de que “es bueno ver caras nuevas en este pueblo”… la verdad no estoy seguro de que lo dijera o no. Finalmente, ella nos entregó el número de atención, llamó a mi papá a que fuese a hacer las pruebas de rutina y luego, varios minutos después, veníamos de regreso en el automóvil, sumergidos en un largo silencio. “Tu problema es que no sabes hablar con una mujer, por eso no tienes novia. Tartamudeas cómo si de verdad tuvieses un problema, por eso todas tienen una impresión equivocada tuya…” Me regañó el viejo, en ese momento ya me dolía el estómago, así es que hice caso omiso de sus ya repetidas palabras.

…Aunque tal vez tenga razón. Creo que mi mal estar es porque no quiero que esa enfermera me tome por un tonto. ¿Me importa lo que esa mujer que acabo de conocer piense sobre mí?
El aroma de las hierbas de mi madre envuelve la habitación y me hace volver a la realidad, ella es capaz de sanar cualquier mal con un simple té, pero creo que solo tengo un remedio para esto que me aqueja.

-¿Qué le pasa, mijo? _Pregunta mi madre al servirme una aromática taza

-Me siento mal _Respondo sin pensarlo más –Tras el té volveré al hospital.

miércoles, 27 de enero de 2016

Pensamiento. ¿Quién nos dice lo correcto?

No soy muy amante de escribir reflexiones para publicarlas. No veo el beneficio en el propio fluir de la conciencia, pero esta es una duda que lleva un largo tiempo dándome vueltas y aprovecharé este medio para encontrar alguna respuesta que me satisfaga.

Admito de antemano que no soy más que una novata en el tema de escritura, me he descubierto errores de redacción tan grandes como los de niños de 10 años y he sido víctima de la repetición en más de una ocasión, incluso (me libre la diosa) he caído en los clichés literario más comunes al momento de desarrollar mis creaciones… la verdad admitir esto no me molesta, soy consciente de lo difícil que será el camino que he elegido, pero ahora me encuentro en un limbo que no puedo explicar y que no me permite avanzar más que con pequeños cuentos básicos…

Llevo varios años escribiendo y sinceramente pocas veces he preguntado a alguien sobre si voy bien o mal, qué corregir y qué no (no es por orgullo, si no que más bien por vergüenza), estas últimas semanas, desde que estoy publicando en este blog, me he preguntado en qué nivel me encontraré… y es que, admitámoslo, cuando estamos en una carrera, a todos nos motiva saber que ya hemos pasado la mitad. No me malinterpreten,  no digo que esté en la mitad, pero tampoco estoy en la línea de meta… Entonces surge mi duda inicial ¿Quién nos dice lo que está bien o lo que está mal, lo correcto o incorrecto?

Solo por curiosidad (y trátenme de ignorante si lo desean) ¿Quién le dijo a Dante Alighieri que La Divina Comedia era una obra de arte? ¿Cómo supo Da Vinci que sus obras eran de genialidad y no simplemente palabrerías que tenían algo de lógica y un buen argumento inventados por él mismo y creíbles ante los ignorantes ojos de su época?... tal vez fueron malos ejemplos (recuerden que este es un fluir de mi conciencia así es que no me juzguen si algo sale de la realidad)

Para poner más simple mi punto, un ejemplo: Edgar Allan Poe sabía que era un poeta y un escritor, porque vivía de ello, pero murió creyendo de que sus obras en realidad estaban mal hechas y no le importaban a nadie… hoy existe gente que le rinde culto a Poe por su genialidad, pero en su época los críticos no querían más que hundirlo.

¿Será que la respuesta está en la opinión ajena? No lo creo, existen escritores de nuestros tiempos que son considerados unos genios (y en verdad hay gente, en especial adolescentes tontas, que los nombra así), cuando en realidad no son más que títeres de alguna editorial que busca aumentar sus ventas… por lo tanto la opinión ajena tampoco vale mucho.

Como mencioné con Poe, tampoco la opinión propia importa mucho, se dice que los peores críticos de nuestras obras somos nosotros mismos, pero existen personas que tienen el ego tan alto que piensan que serán recordados por siempre por escribir un fanfiction de otra obra mucho más reconocida y cambiarle el nombre a los personajes para que parezca original y peor aun… lo mandan a un concurso a pesar de las críticas que todos les hacen, al perder, culpan al jurado por no tener conocimientos de lo que realmente es arte… así es que, en conclusión, la opinión propia tampoco vale de mucho, en especial si no se tiene el conocimiento y la madurez para autojuzgarnos y admitir los errores.

Entonces ¿Quién nos dice en qué nivel estamos?

Hubo una época en la que estudie por cuenta propia varios “tutoriales” para escribir, y sinceramente ninguno me dijo algo que no supiere, gran parte de lo que necesitaba saber ya lo había aprendido al momento de leer literatura de calidad… ¿Será la falta de evaluación la que me tiene en este estado?  Pero la evaluación es una opinión ajena, con fundamentos, pero al ser ajena no puede dejar de ser subjetiva (aunque sea en un bajo nivel) … entonces…

A estas alturas ya no puedo pensar más… lo dejo a vuestro criterio, me ayudaría bastante si dejan sus opiniones en el blog o en google+ (y no lo digo a modo de publicidad) realmente me apetece encontrar una respuesta ya que, conociéndome, mi obsesión con el tema no me permitirá avanzar al ritmo que anteriormente llevaba…

Gracias a todos los que leyeron hasta el final y perdón si alguien en algún momento se sintió ofendido, no fue mi intención.

Saludos.

viernes, 22 de enero de 2016

La Mañana con una Mujer.

Domingo por la mañana.

Ayer en la noche peleé con mi padre y no pude evitar irme a la casa de ella. Me recibió con los brazos abiertos, feliz de volverme a ver, escuchó mis quejas y no le importó dormir conmigo... de todas maneras, en su casa no hay otra cama.

Despertó antes que mí para prepararme el desayuno.  No pude seguir soñando por el delicioso aroma del pan tostado y el queso derretido, mezclados con la esencia de café que recorría toda la pequeña casa. Me levanté hechizado por el paisaje aromático y, al verme, me invitó a su mesa sin importar que aun estuviese despeinado por el sueño inquieto de la noche.

Charlamos largamente, sobre cosas triviales, yo le contaba cómo me iba en la universidad y ella sobre cómo fueron sus años a mi edad. Sí, debo confesar que es una mujer mayor, pero la amo tanto o más que a una chica de mi edad.

Tras comer juntos, me ofrecí a lavar los platos, pero ella se opuso. Esa mujer servicial desde niña, nunca en la vida me ha permitido lavar o cocinar algo estando ella presente.

Mientras lavaba las tasas continuamos nuestra conversación, al hablar conmigo su cara irradiaba alegría y ternura, pero en cuanto dejaba de hacerlo, su mirada se posaba en algún lugar del pasado y su rostro se ponía triste. No pude evitar pensar que su pasado no fue tan bueno como en realidad lo es mi presente y que mis problemas son menores de los que ella alguna vez tuvo.

Siento vergüenza de mi actitud la noche anterior, debí reaccionar mejor ante esa discusión. Decido volver a casa para arreglar el problema de la noche anterior.

-¿Tan pronto te vas, amor?

-Sí. Debo arreglar el problema en mi casa como hombre.

-Me alegro de oírlo. No pelees más con tu padre, los daña a ambos. Vaya  tranquilo, mi vida, que aquí lo espero. Eso sí, no te pierdas tanto, y dile a tu padre que me venga a ver.

-Tranquila, abue, pronto vendré a verte otra vez.

Tras eso me pongo mi mochila y me voy. Para la próxima, volveré a verla con más tiempo y tranquilidad, tal vez le traiga a mi padre, quien nunca viene a ver a su madre que tanto lo ama.


Foto Sacada de Google.

lunes, 4 de enero de 2016

Desahogo


Hace muchos años, cuando estaba en la escuela, conocí a un amor, no era una belleza y ocasionalmente no comprendía lo que decía, pero era inteligente y de una belleza interior infinita. Me ofreció una hermosa lealtad y un futuro, que si bien, no era el mejor y más exitoso, sería un futuro que me haría feliz, que me complacería y si nos esforzábamos juntos, podríamos llegar a ser tan exitosos como quisiéramos. Fuimos de la mano por ahí, en los patios de la escuela, en las plazas públicas, incluso, aunque mis padres se opusieran, en mi casa pasábamos largas horas de intimidad, ambos solos, él me daba lo que quería y yo le daba lo que me nacía… la verdad nunca supe si le gustaba lo que le daba o solo parecía gustarle… pero bueno, fuimos felices durante años. Esa es la idea.
 
Pero los amores de la adolescencia no son muy “firmes” que digamos…

Una mañana de mi último año en el “cole”, entró a mi salón de clases un nuevo amor para mí, era musculoso e inteligente, y ofrecía justamente lo que alguna vez soñé con tener y jamás lo creí posible. Me conquistó rápido y como una ingrata, poco a poco me fui olvidando de mi primer amor, “Ese enclenque, jamás podría darme lo que en verdad necesito” pensaba yo entonces. Este nuevo amor me ofrecía un futuro lucrativo, con mucha acción y aventuras… ah, y respeto por parte de los demás. Cuando salí del colegio y me fui a vivir con él, todos me admiraban y respetaban, yo de verdad lo amaba.

Pero como siempre he pensado, en la simpleza de las cosas está la verdadera belleza y ese amor no era para nada simple.

Cada vez se me hacía más complicado estar con él, pero como yo lo amaba con todo mi corazón logré superar todos los obstáculos para estar con él. Fue tanto lo que me esforcé que me lesioné, y para cuando al fin pude seguir avanzando, él ya iba demasiado lejos… él ya no me quería… y como si fuese poco, dejé una deuda con él que no sabía si me la iba a cobrar ni si tendría el dinero para pagarle…

No les puedo describir cuan doloroso fue para mí ese golpe, hoy, pasados ya dos años desde ese momento, aun me duele el corazón al recordarlo. Pasaron meses sin que me levantara de la cama, no quería ducharme, no quería comer… por mí hubiese muerto, pero no me atrevía a saltar cuando me veía en aquel puente. Llegó un momento, justamente al visitar aquel puente, en que en mi interior se encendieron las llamas de la venganza, que (¿Para qué les voy a mentir a estas alturas?), siguen vivas hasta hoy y no descansaré hasta completarla, haré que ese ingrato llegue de rodillas a mi lado. Pero para cumplir aquel plan de venganza, debía levantarme primero.

Un día, para sorpresa y alegría de mi madre, me levanté, me duché, corté mi cabello (cambié ese asqueroso corte que usé desde el primer día que estuve con aquel ingrato), comí una enorme cantidad de ese delicioso almuerzo que hace mi madre, (cosa que debí hacer mucho antes porque de verdad quita la depresión de cualquiera), me vestí lo mejor que pude y salí a buscar trabajo. Esta historia es sincera, y debo admitir que me cerraron las puertas en todos lados. Estuve al borde de caer de nuevo, pero aquel golpe no podía ser más doloroso de lo que fue el que me dio ese ingrato, así es que, a la semana siguiente, volví a salir y, como dicen en mi país “El que la sigue la consigue”, encontré un trabajo muy bonito.

Ahí estuve varios meses, hice varios amigos, pero en el fondo me daba una nostalgia de muerte. Aquel trabajo me recordaba mucho a mi primer amor. Estaba ahí, rodeada de todo aquello con lo que trabajaría si lo hubiese elegido a él. Pero continué. Parte de mi plan de venganza era juntar dinero para poder seguir sola, sin depender de ninguno de mis amores anteriores.

Tiempo después, me ofrecieron un mejor trabajo, por lo que, muy a mi pesar, me cambié. Justamente estaba en eso cuando recibí una llamada de parte el ingrato para cobrar esa vieja deuda. Sentí que la sangre me hervía, el muy desgraciado no fue capaz de llamarme él directamente, usó una cobradora. Por otra parte, puedo agregar que el mundo es un pañuelo y nosotros somos las suciedades que se secan en él. Justamente en aquel trabajo conocí a un viejo conocido del ingrato, que me dio ánimos para que no lo dejara salirse con la suya, aquella deuda no era correspondida y él mismo me dio los argumentos para denunciar esa irregularidad. Ahora que lo pienso, lo que me hizo sentir ese hombre es cuando una mujer dice “Si mi marido me pega es porque hice algo mal” y lo aceptan, yo decía algo parecido “si me cobra es porque le debo algo” y estaba dispuesta a hacerlo hasta que me abrieron los ojos…

Luché por aquello. Solo la Madre sabe cuánto luche por eso durante casi un año. Me había sacrificado tanto por juntar el dinero que necesitaba para continuar y que ahora ese ingrato que quisiera quedar con él era realmente una puñalada en mi convaleciente corazón.

Dejé el trabajo y comencé a prepararme para seguir mi camino, ya tenía dinero suficiente para hacerlo, pero siempre estuve con el miedo de perder aquella lucha y ese ingrato me quitase todo. Hoy espero a que me acepte algún amor, una de mis opciones es aquel primer amor a quien humildemente le pedí una oportunidad y ahora me abrió los brazos como si nunca lo hubiese traicionado, otro, es uno nuevo, es tan bueno y lindo como el primero y me dejará mantener un lazo con este. Con cualquiera que me vaya, complementaré uno u otro… pero tengo un problema: justamente hoy, recibí una carta de la corte… ese desgraciado me ganó el juicio, tendré que pagarle toda la deuda que se inventó.

Ahora sé que el débil nunca gana. Pero mi sed de venganza no se apaga…

Siento mi corazón envenenado, tengo tanta pena de que el fallo fuese a su favor y que la justicia no me haya escuchado… tal vez si fui culpable, culpable de amar de manera ciega a alguien que no lo merecía.

Ahí termina mi historia… no puedo daros el final hasta que haya terminado. Pues esta es una de las tantas historias turbulentas de mi vida.




A partir de aquí aclaro que todo lo anterior era una metáfora. Cada amor mencionado es una vocación. La primera es la Literatura; la segunda, por razones legales no la puedo nombrar, solo puedo decir que es una institución (no traten de adivinarla, de seguro jamás lo lograrán); y la tercera es la psicología (por eso digo que si me voy con ella, no traiciono a la literatura).

Me gustaría daros un consejo a todos aquellos que están escogiendo alguna carrera para estudiarla, no se dejen engañar por los jugosos sueldos ni los futuros sólidos, esos solo os darán una vida fría. Sin importar lo que los demás digan, hagan lo que los hace felices, si quieren ser escritores, estudien periodismo, psicología, o simplemente literatura; si quieren ser artistas, estudien diseño gráfico, publicidad o directamente arte; si quieren ser músicos pueden estudiar también audio… etc… lo importante es que luchen por lo que aman de verdad y no por algo que puede parecer divertido o “solido” y al final solo les romperá el corazón marcándolos con un vergonzoso “no sirve”… No saben cuánto me gustaría recuperar el tiempo que ese ingrato me hizo perder… no cometan mi error, por favor…

¡Oh!... Pero no se preocupen por mí… A mi corta edad no es la primera vez que esa bravucona llamada Vida me golpea y me hace caer… desde pequeña me tenía envidia y me ha dificultado el camino, pero yo continúo… a veces me pregunto “¿Cuántas veces tendré que perder para aprender a rendirme?” creo que la respuesta la estoy dando ahora… como dice parte de mi lema “Jamás arrepentirse” y eso incluye “jamás rendirse” así cada caída me deja una enseñanza y llegará el día en que sepa cómo evitar la caída, o tal vez solo no lastimarme al golpearme contra el piso… mmm… amo la Vida, no saben cuánto… Y aunque sepa que no tengo oportunidad alguna en algo que de verdad me gusta, seré como aquel que se lanza a luchar contra un león a mano desnuda diciendo “si no lo intento no sabré si podré” y lo hace aunque todos digan que no vaya porque va a morir…

Mi peor defecto es la perseverancia.ancia.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidad en Otra Perspectiva

Abigail no celebra navidad, no es de ninguna religión, tampoco se opone a ninguna, en realidad, a Abigaíl no le interesan las fiestas, para ella todos los días son iguales, vive la vida según le dictan sus instintos intentando divertirse al máximo. Pero, no por todo ello a Abigail no le gusta esta festividad. De todas las festividades que puedan tener los humanos y que ella ha visto, la navidad es la que más le agrada.
La noche del 24 notó cómo la gente iba desapareciendo de las calles. Eran pocas las tiendas que aún tenían luces para cuando el sol se fue, ella se divertía buscando las que tuviesen aun esas pequeñas luces de colores parpadeantes encendidas. En el fondo de la calle donde acostumbraba  a pasear, en la calle del gran árbol luminoso, se oía un ruido común para ella, pero que esa vez la hizo sentir más feliz… no, felicidad no es la palabra. Abigail se detuvo para entender qué era lo que sentía, cuando un ruido la sobresaltó y la obligó a esconderse, era la cortina de metal de la última tienda que quedaba abierta, algunas personas hablaban y reían mientras la terminaban de bajar y poner los candados, todos se despidieron y se perdieron, pero una mujer joven se quedó quieta,  miraba el árbol luminoso, como una madre mira a su hijo dormido, como quien mira una estrella o algo aún más hermoso, Abigail salió de su escondite y miró también, algo en la sonrisa de la mujer le produjo tanta curiosidad que no pudo evitarlo. De pronto la mujer se volteó, y observó a Abigail aun con la misma sonrisa, dio un paso hacia ella pero volvió a su escondite antes de que pudieran hacer cualquier tipo de contacto, la mujer se acercó al lugar sin invadir su espacio, desató el nudo de su bolsa y sacó un envase plástico con algunos restos de comida. Olían deliciosos.
-De saber que te vería hoy, te hubiese dejado más _Dijo la joven sin dejar de sonreír –Espero que te guste. _Se despidió antes de partir
Solo cuando estuvo segura de que ya no había nadie más cerca salió de su escondite, olfateó lo que le dejó la joven una decena de veces antes de tomar el primer bocado, pero una vez en su boca, no pudo aguantar y engulló todo. Mientras se saboreaba de su primera comida en días, miró nuevamente el árbol luminoso, de verdad no había nada más bello e hipnótico… tal vez eso sentían las polillas.
El tiempo pasó. Abigail estaba recostada junto al árbol luminoso cuando un hombre pasó corriendo. Solo por diversión, lo siguió, guardando siempre la distancia para que no la viese. El hombre jadeaba y jadeaba pero no dejaba de correr haciendo que las luces que colgaban sobre la calle se volviesen líneas pasajeras. Ella notó que el ruido que había oído antes se acentuaba en el ambiente y, a diferencia del hombre que corría, se detuvo frente a la fuente de origen. Era un dorado instrumento, de forma graciosa, con muchos botones, el muchacho que lo manipulaba, lo llevaba colgado al cuello y lo soplaba por el extremo más delgado, emitía un ruido fuerte al salir el aire por el otro lado más grande, tanto que ella podría sentarse en él si el hombre se lo hubiese permitido alguna vez. En vez de eso, lo hizo en una banca, guardando distancia de aquel muchacho. Él la miraba pero no dejaba de tocar su instrumento, nada la ponía más tranquila que eso. Algo la hizo mirar hacia el árbol luminoso, que esta vez, con música, se veía más hermoso aun. Pasadas varias horas el muchacho se fue, recogiendo todas las monedas de la funda que tenía sobre el piso. Abigail se durmió un momento tras eso.
Más voces la despertaron. Un grupo de personas pasaron junto a ella con cajas en las manos, ¡Olían a comida!, decidió probar suerte y los siguió. Cada vez se alejaba más del árbol luminoso. Llegaron a un lugar de verdad deprimente, Abigail arrugó la nariz y se quedó sentada para observar qué harían con la comida, entonces notó que había más hombres tirados en el piso, así como ella dormía, se tapaban con cartón y miraban recelosos a los hombres de las cajas. Tras un intercambio de palabras, todos comenzaron a desenvolver y compartir la comida. Era curioso que todos esos hombres no estuviesen en casa teniendo una, si Abigail tuviese, no andaría por ahí rastreando comida gratis, pero todos se veían felices compartiendo un poco de comida y comiéndola en la calle a pesar de los olores que a nadie parecía importarle. Uno de los hombres que antes llevaba las cajas la vio, al igual que la joven del árbol luminoso, sonrió, abrió el pan que comía y sacó la carne y el queso que tenía dentro, solo se quedó con la lechuga (lo que Abigail agradeció, pues le hacía mal).
-Aquí tienes, minina. También debe ser una feliz navidad para ti _Dijo el hombre sin dejar de sonreír. Abigail solo levantó la cabeza (y luego el lomo) cuando el hombre le pasó la mano, pero no dejó de comer.
El hombre preparó una de las cajas ahora vacías, puso su suéter en su interior y dejó más carne adentro. Abigail cayó en la trampa, comió y se durmió en su nueva y cálida cama, y antes de que pudiera reaccionar estaba encerrada en ella… por eso no le gustaba acercarse a la gente…
A través de unos agujeros que no supo en que momento aparecieron, vio una luz y oyó algunas risas y expresiones de alegría. De pronto sintió como la caja se movía mientras alguien la abría.
-¡Un gatito! _Gritaron dos voces infantiles al mismo tiempo.
-Ya están en edad de tener responsabilidad. Pero si no la cuidan la devolveré _Amenazó la voz del hombre que la había hecho caer en la trampa.

Esta noche, Abigail cumple un año en esa casa y aunque extraña a la joven que le sonreía y hablaba como esperando respuesta mientras le daba los restos de su almuerzo y al muchacho que tocaba (lo que sus amos alguna vez dijeron era un saxofón) mientras la miraba, no siente necesidad de volver. En ese lugar tienen su propio árbol luminoso, es más pequeño, pero a ella le gusta aún más, pues le cuelgan lindas pelotitas, que, si se rompen, ya sabe que serán para ella.
Sí, Abigail es una gata y no celebra navidad, no es de ninguna religión, tampoco se opone a ninguna, en realidad, a Abigaíl no le interesan las fiestas, para ella todos los días son iguales, vive la vida según le dictan sus instintos intentando divertirse al máximo con los juguetones niños de la casa. Pero, no por todo ello a Abigail no le gusta la navidad, porque fue ahí donde alguien la encontró.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Servirá para el día del libro?

Nota: Lo encontré con este título en mi citada carpeta. No quise modificarle nada. Fue el último escrito que hice en mi último año de escuela para un evento del Día del Libro, en lo personal buscaba sensibilizar a las generaciones que venían tras la mía para que escribieran además de leer; quería mostrarle que literatura también incluye la elaboración de un texto y no solo la fría lectura del mismo, en esa época (y creo que aún sigue siendo igual) me conformaba con que tan solo una persona entendiera el mensaje y sintiera lo que yo sentía al tomar un lápiz y un cuaderno...Hoy, y quiero dejarlo bien en claro, lo escribiría de mejor manera. Son tantas las cosas que puedo decir sobre lo que me hace sentir la escritura, que creo que me quedaría pequeña esta página. Por ahora les dejo esto, mi pensamiento de cuando apenas tenía 17 años:


¿Qué son un cuaderno y un lápiz? Les diré lo que yo veo en ellos, cuando los veo juntos: veo una puerta hacia lo que quiera pensar, creer, inventar e imaginar. Un cuaderno en blanco es un libro que espera ser escrito, una historia que nadie ha contado, tal vez tu historia o tal vez la mía, tal vez una historia real o una totalmente falsa…
¿Saben cuál es la emoción que se obtiene al escribir una historia? Es la misma que se tiene cuando otro la lee, pero en este caso tu pones los limites y dejas que tu mano fluya dejando como huella cada letra, cada palabra… escribir una historia es como la vida, es dar vida: se avanza en medio de la incertidumbre y surgen cosas inesperadas, te sorprendes a ti mismo con ellas, buscas salir de un problema para que aparezca otro, al último, la única solución es el final.
Cualquiera puede escribir una historia, pero ¿Cualquiera puede ampliar lo suficiente su mente para continuarla?... cualquiera puede acceder a un cuaderno viejo y un lápiz gastado, ambos a punto de morir, pero ¿puede cualquiera devolverles la vida? ¿Puede cualquiera convertir un gastado lápiz y un viejo cuaderno en un libro?...

18/03/13



domingo, 20 de diciembre de 2015

La Voz del Silencio

Caminando por la plaza una tarde me encontré con él. Sus ojos tristes me habían hipnotizado. Era unos treinta centímetros más alto que yo, de piel tostada, cabello hasta los hombros de color café igual que sus ojos, algunos detalles le quitaban la perfección, pero mi mente me hacia ignorarlos. No estaba interesada realmente en su persona, pero la curiosidad por saber que le sucedía no me permitía dejar de observarlo, por lo que me oculté en un árbol cerca de él.
Sin previo aviso volteó a mirarme. Su expresión era de pocos amigos, pero mi naturaleza obstinada no me dejó retirar la mirada, después de todo, mi escondite ya había sido descubierto. Su expresión se endureció aun más ante mi desafío silencioso.
-¿Tienes algún problema? _Su voz era fría, igual que su mirada y encajaba perfectamente con su apariencia de chico malo, pero en el fondo estaba segura de que sufría – ¿Acaso eres muda que no respondes? _Dijo levantándose de su lugar para acercárseme, era lógico, quería que yo saliera corriendo, pero no lo iba a hacer.
Asentí sin retirar la mirada ni un segundo. Regularmente la gente no me cree cuando les indico mi condición, pero él dejó de mirarme a los ojos aceptando en silencio su error.
-Lo lamento _Dijo sentándose nuevamente, esta vez, en la orilla de la banca, dándome un espacio. Volvió a mirarme con ojos tristes y yo le sonreí, indicándole que no había problema.
Estuve a su lado unos minutos, él no hablaba, se sentía incómodo con mi presencia. Tímidamente le toqué el hombro, luego mi pecho diciendo “yo” y luego indiqué las violetas junto al árbol donde me había escondido anteriormente. Era la única manera comprensible para que entendiera que me estaba presentado.
-¿Te gustan? _Preguntó. Me golpee la frente con la mano y repetí el gesto más lentamente pero con agresividad en mi mirada –“¿Tu… violetas?” _Descifró mas tímidamente, lo miré ansiosa por que comprendiera de una buena vez -¿Te llamas Violeta? _Asentí. Luego lo indiqué a él –Esteban _Respondió sin darle importancia.
Tras otro momento de silencio meditando cómo preguntarle, volví a tocar su hombro, esta vez pasé mi dedo índice por mi pómulo repasando el camino de una lágrima, posteriormente volví a indicarlo a él.
-No estaba llorando… _Respondió Esteban mirando hacia otro lado, yo solo negué cuando él me miró nuevamente –…Estaba pensando _Repetí el gesto de la lagrima poniendo cara triste, esta vez sí entendió la idea –No estoy triste, simplemente… me siento solo, como si nadie oyera lo que intento decir… _Se detuvo en seco –Lo siento _Dijo tras percatarse de la ironía de sus palabras.
Volví a sonreír para indicarle que no había problema, luego volví a poner mi mano en mi pecho diciendo “yo” luego negué e indiqué mi garganta, me miró sin comprender, repetí el primer gesto y en el segundo indiqué mí oído
–Gracias _Respondió entendiendo la idea.
Habló por mucho tiempo. Su modo de ver al mundo era bastante colorido en comparación al mío, la vida me hizo ver todo gris y no me permitió pedir ayuda. Él, en cambio, terminó guardando silencio por miedo, ya que sus iguales lo apartaban debido a su perspectiva. Su apariencia siempre fue temible, la aprovechó como armadura y así alejó a todos de su lado, obligándose así, a guardar todos esos colores con los que veía la vida en el fondo de su ser, siempre con la esperanza de que algún día pudiera dejarlos salir, y mostrárselos a quien lo quisiera.

Me pareció que solo pasaron segundos desde que me senté a su lado hasta que el cielo comenzó a tornarse naranjo y una brisa fría hizo que me estremeciera. Ese fue nuestro primer encuentro, pero no el último. Él fue la primera persona de mi edad en comprenderme y yo… simplemente fui la primera en escuchar aquello que él tenía que decir.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Un Día Cualquiera

Desperté con total normalidad, abrazada por los suaves rayos del sol matutino. Tú, dormías a mi lado, te observé detenidamente, te veías tan bien que dudé si despertarte o no. Finalmente, acaricié tus cabellos hasta que tus ojos se abrieron. Tu entrecejo se arrugó evidenciando una mueca de disgusto hacia lo que fuere que interrumpió tu descanso, hasta que tu mirada se encontró con la mía, solo entonces esbozaste una sonrisa y tus dedos se enredaron en mis cabellos devolviendo la caricia…
Desayunamos juntos como siempre. Tú, recién duchado y con buen aroma y yo, aun en pijama, pero me quedé ante tu alegato de que comiera a tu lado. “Te duchaste anoche, aun hueles bonito” dijiste tomándome por la cintura y hundiendo tu nariz entre mis cabellos. Comimos tranquilos. Era tu día libre, así que la conversación trató en su mayoría sobre las cosas que planeabas hacer. “Recuerda arreglar la llave de la cocina, por favor. Siempre que estoy sola me vuelve loca con su goteo” Te pedí justamente al escuchar ese pequeño pero molesto sonido. Además de eso, planeamos salir de compras para preparar las cosas que llevaríamos a la casa de tu madre en el sur, la próxima semana saldrías de vacaciones y queríamos aprovechar al máximo esos días… Ese día dejaríamos todo en su lugar.
Las ultimas gotas de agua caían sobre mí desde la ducha cuando oí un ruido que llamó mi atención, eran las desafinadas notas de aquel instrumento musical que te obsequié hacía unas semanas para tu cumpleaños, se notaba que aún no aprendías a tocar nada. Te lo hice saber mientras salía del baño envuelta en una toalla. Me miraste embobado como si fuese la primera vez que me veías semidesnuda, hasta que me hiciste sentir el pudor de presentarse así ante alguien que deseas por primera vez. Sonreíste por eso, seguramente me había puesto roja ante esa mirada tuya. “Cuando aprenda a tocar bien, aprenderé todo tipo de canciones especialmente para ti”, prometiste sin notar que no tenías futuro con ese instrumento.
Al salir de casa para las compras tuvimos una pequeña discusión, alegabas que siempre me tardo en salir y yo te criticaba que si dejaras tus cosas en orden yo no me demoraría en arreglarme, además de que no habías hecho ninguna de las cosas que planeabas mientras estabas esperándome “Por lo menos pudiste arreglar la llave” reclamé.
Salimos tensos de casa, tu instrumento quedó sobre el sofá… Caminamos unas cuadras en busca del transporte público, nos separaba el silencio, ninguno se miraba, hasta que escuché que hacías una de tus graciosas observaciones, como si jamás nos hubiésemos peleado, ahora pienso que fue por la costumbre de hablarme, te miré de reojo y noté cómo tus orejas enrojecieron, sin percatarte habías cedido. Volví a darle vuelta en mi cabeza a aquello que dijiste, esta vez entendiendo el mensaje, no pude evitar reír mientras te miraba tímidamente. Te paraste en seco, tomaste de mi cintura como acostumbrabas y me acercaste a ti, tan cerca que sentía tu calor: “Van a ser ocho años, y no te he ganado ni una sola vez”, comentaste antes de ceder a aquel magnetismo que se interponía entre nuestros labios. Estábamos tan cerca que podía escuchar tu corazón latiendo lleno de amor y vida.
Compramos sin problemas. Me invitaste a almorzar en mi lugar favorito. Hablamos del clima, de la gente, de la película que vimos hace varios años, del videojuego favorito cuando eras niño, en fin, hablamos de todo lo que nos nacía, conversaciones cotidianas que se tienen incluso sin darte cuenta de que tu pareja es tu mejor amigo y que hablan cosas como con cualquier otro. Tardamos en comer tres veces más de lo que deberíamos, entre risas y comentarios, no nos dimos cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo.
Llegamos a casa poco antes del atardecer, tus pobres músculos apenas aguantaban el peso de las bolsas, pero yo solo me quejaba de lo sudada que había llegado. Tras notar como te desvanecías sobre la alfombra agotado, me acerqué acosadora para robarte un beso, recostándome casi sobre ti, al elevar mi rostro, pude notar tu sonrisa cansada pero feliz. Sentí mi propio corazón intentando gritarte cuanto te amaba en ese momento.
Prometí prepararte algo rico para que comiéramos después de que me duchase…
No entiendo lo que ocurrió después. Desde aquí se nubla mi mente. Solo sé que al salir del baño, esta vez vestida completamente, te vi aun tirado en el piso. Recuerdo verte durmiendo como en la mañana, pero esta vez, una extraña inquietud quiso que te despertara, primero acaricié tus cabellos pero pronto, en mi desesperación, solo podía sacudirte. Recuerdo la llegada de algún vecino de confianza que vino preocupado por mis gritos y llantos que yo, a estas alturas, ya no recuerdo. Llegaron unos hombres con una credencial de paramédicos y nos llevaron a un hospital…
No sé qué más ocurrió. Poco antes de las diez de la noche un doctor me sentaba para comunicarme que tu corazón había dejado de latir, que para cuando habíamos llegado ya no había nada que hacer, me explicó que era una muerte más común de lo que parecía… solo entendí que saliste sorteado en una de las tantas loterías de la mala suerte.
El doctor me dio un medicamento y me envió a casa con el vecino que había llegado a la casa a ayudar. No podré verte hasta mañana. Al llegar a casa, entré sola, el vecino quedó de enviarme a su mujer para que me hiciera compañía. Una vez adentro, encendí la luz y vi aquel instrumento musical que habías dejado sobre el sillón, te habías acostado en el suelo por la pereza de no sacarlo de ahí ¿Estarías vivo si te hubieses tomado el tiempo de quitarlo? ¿Tal vez si nunca te lo hubiese obsequiado…? La verdad no sé qué pensar.
Hoy el día comenzó muy prometedor, lleno de planes, tan cotidiano como cualquiera. Estando yo embriagada de felicidad, ni siquiera pensé que el día, así como la vida, deben terminar, algunas antes, otras después, pero todas llegan a su fin.
El reloj no deja de correr para nadie a menos que se le acaben las pilas.
Abracé el cuello de ese desafinado instrumento, y solo pensé… pensé que no quiero olvidar este día, ni desfigurarlo por culpa del tiempo, así es que tomé mi computador y comencé a escribir. Ahora que mi narración llegó al presente me pregunto tantas cosas y me replico tantas otras… hoy no te dije “te amo” en ningún momento, hoy debimos comer en tu lugar favorito, hoy debí abrazarte más, besarte más… pero ya no lo hice y ya jamás lo podré hacer.

El medicamento me está haciendo efecto, el goteo de la llave me volverá loca si no me duermo pronto, hay ratos en que te maldigo como si estuvieses aquí, por no arreglar esa llave. A cada momento siento que llegarás por esa puerta, que en verdad hoy es un día de trabajo y te has retrasado porque tu jefe te lo pidió y no tuviste tiempo de informarme; que el día fue solo un sueño de cinco minutos, así como lo que demoraré en leer estas páginas mañana. Dejaré que el sueño me venza en cuanto la luz de este computador se desvanezca, de esa manera tal vez, al despertar por la mañana, descubriré que todo esto fue una pesadilla y me despertaran las desafinadas notas del instrumento que estoy abrazando, o sentiré mi cabello revuelto o mi cintura envuelta por tus brazos que ahora sé, no me volverán a tocar.


A todos aquellos que han perdido a alguien especial de un momento a otro.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Vesillos Hallados en un Cuaderno

Te fallé porque prometí encontrarte
…fallé por no buscarte,

Porque alguien me donó felicidad,
me despedí de ti como si nada
sin percatarme de que firmaba mi propia soledad.
Ahora no te tengo y mi mente está envenenada

Y si algún día nos vemos por ahí,
un simple “hola” servirá
para pensar “¿Dónde más te vi?”
Dirás “quieres tomar un café”

y responderé “Hoy tengo que hacer. Para mañana será”

jueves, 1 de octubre de 2015

Iniciando Una Historia

Esta soy yo (retrato hecho por un amigo)
Espero que nos llevemos bien.
Este es mi segundo blog y la verdad espero que sea tan popular como el primero (el primero casi no tiene visitas)... Tal como dice el titulo, en este lugar publicaré mis historias olvidadas en mi carpeta de documentos. Lógicamente, las editaré antes de subirlas, de esa manera leerán algo de una calidad decente y no amateur como fui al momento de escribirlas...

De verdad, espero que les guste, solo quiero compartir con alguien las cosas que en un principio fueron solo mías, así, al menos alguien las disfrutará ademas de mi mejor amiga que tiende a leer todo lo que escribo...

Para los que quieran literatura de verdad visiten mis recomendaciones en truelectura.blogspot.com

PD. Arreglando detalles tecnicos