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martes, 16 de febrero de 2016

Dolor de Estómago

Almorzamos luego de llegar a casa. ¿Me pregunto qué sería lo que me produjo mal estar en el estómago? A pesar del sabroso almuerzo de mi madre, no tengo apetito, lo que es raro porque tiendo a comer mucho cada vez que vengo a verlos. Pero ahora, no puedo dejar de sentir un leve retumbar en mi estómago.

Recuerdo que me levanté temprano para llevar a mi viejo padre al doctor, no tomé desayuno ¿Será eso? No, no lo es, no tengo hambre. Cuando íbamos en el auto mi padre hablaba de las cosas que faltaba hacer en sus tierras, alegando de la falta de ayuda… ¿Será disgusto? Creo que tampoco, de hecho me siento feliz ¿O melancólico?... Llegamos al hospital y no estaba la enfermera que suele atendernos todos los meses. En su lugar había una joven como de mi edad, tal vez algunos años menor, de cabello castaño amarrado en un tomate y flequillo… desde ahí que me molesta el estómago ahora que lo pienso, seguramente era por el extraño olor del recinto.

-¿Por qué tienes la cara larga? _Pregunta mi padre
-No es nada, debo estar fatigado _Respondo a sabiendas de la burla que eso le seguirá
-¡Que delicado está el niño! _Molesta el viejo

Continúo comiendo en silencio.

Recuerdo la sonrisa de la enfermera, pareja y aún más blanca que el delantal que llevaba puesto, ella nos explicaba que era un reemplazo de la señora que normalmente atendía en el lugar mientras estuviera de vacaciones, luego se iría. “Es una lástima” se me adelantó en decir mi padre ¿Por qué yo diría eso? Ni siquiera la conocía.  “A veces da gusto ver una cara amigable y guapa por aquí, ¿Verdad, hijo?” Agregó mi progenitor golpeando mis costillas con su codo… No, tampoco me siento mal por eso, no me golpeó tan fuerte como para quitarme el apetito.

-¿Te sirves un tecito, hijo? _Pregunta mi madre al verme dejar vacío al fin mi plato
-Si no es mucha molestia _Me doy el ánimo de bromear

Mi viejita se va para hacer el té con sus arrastrados pacitos cortos.

Recuerdo que después del comentario de mi viejo sentí un calor en las mejillas al ver los claros ojos café de la enfermera posándose sobre mí, como esperando una respuesta. Yo tartamudeé algo de que “es bueno ver caras nuevas en este pueblo”… la verdad no estoy seguro de que lo dijera o no. Finalmente, ella nos entregó el número de atención, llamó a mi papá a que fuese a hacer las pruebas de rutina y luego, varios minutos después, veníamos de regreso en el automóvil, sumergidos en un largo silencio. “Tu problema es que no sabes hablar con una mujer, por eso no tienes novia. Tartamudeas cómo si de verdad tuvieses un problema, por eso todas tienen una impresión equivocada tuya…” Me regañó el viejo, en ese momento ya me dolía el estómago, así es que hice caso omiso de sus ya repetidas palabras.

…Aunque tal vez tenga razón. Creo que mi mal estar es porque no quiero que esa enfermera me tome por un tonto. ¿Me importa lo que esa mujer que acabo de conocer piense sobre mí?
El aroma de las hierbas de mi madre envuelve la habitación y me hace volver a la realidad, ella es capaz de sanar cualquier mal con un simple té, pero creo que solo tengo un remedio para esto que me aqueja.

-¿Qué le pasa, mijo? _Pregunta mi madre al servirme una aromática taza

-Me siento mal _Respondo sin pensarlo más –Tras el té volveré al hospital.

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